Y cogimos las mochilas

Y cogimos las mochilas

Nuestra primera acampada fue en 1984

Y cogimos las mochilas

Cogimos las mochilas, era 1984 acabábamos de empezar el año, éramos una pandilla de jóvenes con ganas de volar, de descubrirlo todo.

Alejarnos de lo urbano, aprovechar algunas fiestas y hacer una escapada al campo, nuestra primera acampada… a convencer a nuestros padres, tarea complicada.

Tuvimos tiempo para planearla, por entonces nos reuníamos en «la plaza», era el lugar donde quedábamos todas las tardes.

Allí decidíamos donde ir esa tarde, proyectos a más largo plazo o bien quedarnos un rato hablando de nuestras cosas, nos pasaban las horas.

A veces y sobre todo en los meses estivales se nos hacían las tantas de la madrugada, allí sentados en los bancos de obra y escaleras que tenia «la plaza».

En algunas ocasiones los vecinos nos llamaban la atención, porque ya eran las dos o las tres de la madrugada, con esas edades las personas somos muy eufóricas, hablamos y reímos muy efusivamente… juventud divino tesoro.

Después de varias semanas hablando de todo lo relativo a la logística de la acampada, conseguimos ponernos de acuerdo de como haríamos las cosas y a donde iríamos, por entonces no teníamos coches, así que viajaríamos en autobús…

«En los meses estivales se nos hacían las tantas de la madrugada»

Estábamos a gusto
Y cogimos las mochilas
Amigos con un único fin
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Feliz Día de la Madre

Va a ser mamá

Una vez a la semana

Una vez a la semana íbamos a Valencia, creo recordar que sobretodo eran los sábados por la mañana.

Era viernes, última hora del día, mi madre había acabado la faena. Otras veces sin acabar había que recoger y llevar lo hecho al almacén.

Cosía conjuntos para niños y niñas: vestidos, faldas, camisetas, camisas, pantalones largos y cortos etc. Más adelante, en años venideros, se dedicó a coser ropa interior de mujer.

Una vez a la semana hacía «el fardo», era un enorme trapo (así lo veía por entonces) donde ubicaba dentro de él todos los conjuntos listos para transportar.

Extendía el trapo en el suelo, ordenaba los conjuntos dentro de él, levantaba las cuatro puntas y lo ataba entre sí, así todo quedaba dentro y además ordenado.

Una vez a la semana

«Cosía para almacenes de Valencia»

Conjuntos para niños y niñas

«Mi madre había acabado la faena de esa semana»

Todo estaba listo
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Aventuras en el Internado

Cosiendo con la Singer

En pleno mes de agosto

En pleno mes de agosto, me sentía la más feliz del mundo, al fin estrenaba mi vestido.

Hacia 3 meses que mi abuela Rosa, la que cosía en «la Singer» que era un primor, me había prometido un vestido, más bien un pichi corto con la espalda al aire, atado al cuello.

Lo planeamos juntas, ella me iba diciendo sobre la blanda tela rosa pálido a cuadraditos pequeños, el diseño pensado y yo le iba retocando.

Conversación entre mi abuela y yo:

  • La falda me gusta, pero… ¿por qué no un poco más corta?
  • Niña !! se te van a ver las bragas ¡¡ – gritaba mi abuela
  • Yaya … le ponemos en la orilla una puntilla ancha, la misma que quieres poner también en las dos tiras cruzadas de la pechera, así alargará un poco más.

No se quedaba muy convencida, seguía renegando.

En pleno mes de agosto

Era domingo tarde, tenía que volver al Internado.


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