Feliz Día de la Madre

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Una vez a la semana

Una vez a la semana íbamos a Valencia, creo recordar que sobretodo eran los sábados por la mañana.

Era viernes, última hora del día, mi madre había acabado la faena. Otras veces sin acabar había que recoger y llevar lo hecho al almacén.

Cosía conjuntos para niños y niñas: vestidos, faldas, camisetas, camisas, pantalones largos y cortos etc. Más adelante, en años venideros, se dedicó a coser ropa interior de mujer.

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Una vez a la semana hacía «el fardo», era un enorme trapo (así lo veía por entonces) donde ubicaba dentro de él todos los conjuntos listos para transportar.

Extendía el trapo en el suelo, ordenaba los conjuntos dentro de él, levantaba las cuatro puntas y lo ataba entre sí, así todo quedaba dentro y además ordenado.

Una vez a la semana

«Cosía para almacenes de Valencia»

Conjuntos para niños y niñas

«Mi madre había acabado la faena de esa semana»

Todo estaba listo

Empezaba el viaje

A mí siempre me gustaba ir con ella, no era consciente por entonces que más que ayudar a mi madre, seguramente, era un peso más para ella !!

Eso lo descubrí más tarde, jajaja… ella cargaba en una mano con aquel pesado fardo y en la otra mano conmigo, entonces tenía unos 5 o 6 años.

Teníamos dos formas de llegar al centro de Valencia: una en autobús y otra en el tren de cercanías.

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Autobuses había dos lineas: la del «Aeropuerto,» ruta más corta y con menos paradas y la de «Menecil» muchas paradas, este pasaba por tres poblaciones antes de llegar a Valencia, el viaje se hacía eterno.

Ya que lo teníamos al lado de casa, lo normal era coger el tren de cercanías en el aeródromo, así se llamaba el apeadero…

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Estaba por detrás de la gasolinera, junto a la pared de un cuartel, pared que compartían los militares de Artillería antiaérea con el Aeropuerto. Enfrente estaba el Instituto de mi pueblo y entre medio un campo donde jugábamos.

Sonaban las campanillas avisando que iban a bajar las barreras para cortar el tráfico de la carretera, pitaba el tren a lo lejos… ya viene, decíamos.

Vivíamos entre la carretera que iba para Valencia, la linea de tren de cercanías y el Aeropuerto, estábamos entretenidos los niños de la zona.

En aquellos años las calles no estaban asfaltadas, había poco tráfico de coches y aviones, el tren descansaba unas horas por la noche, recuerdo cuando por las noches de primavera y verano jugábamos por dentro de la vía, el tren no pasaba.

Una vez a la semana
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«Lo normal era coger el tren de cercanías en el aeródromo»

Era un viaje corto

Llegada a la Ciudad

Bajábamos del tren y nos dirigíamos a la salida de la estación del Norte, después de cruzar un par de grandes vías urbanas y pasar hasta la otra parte de la gran plaza… nos perdíamos por las callejuelas del Centro histórico.

Por esa zona estaban la mayoría de almacenes de costura que había en la época. Eran muchas las mujeres que cosían en casa las prendas que luego comercializarían esos almacenes.

Una vez llegábamos al almacén por fin mi madre podía soltar la carga que llevaba en la mano, menudo descanso !! … decía.

Para mí era todo asombroso, la curiosidad me podía, allí y durante todo el viaje. Cuando fui mayor me acusaban y me acusan de ser una persona de las que se quieren enterar de todo jajajaja… , cuando eres niño lo que digan te dá igual !!

Un señor con gafas nos atendía

  • Que tal Isabel ? como ha ido la semana ?
  • Bien, decía mi madre
  • Te ha dado tiempo a terminar todo ?
  • A veces contestaba que si ! y otras que no !

El señor revisaba minuciosamente todo lo que le llevábamos, lo contaba e iba apuntando todo en una libreta.

Después le daba el material necesario para seguir confeccionando en casa otra semana más, dicho material se volvía a meter en el fardo.

Imagino que en ese momento llegaba lo bueno de todo trabajo realizado, el momento de cobrar, por entonces se cobraba por semanas.

Una vez a la semana

«Nos volvíamos viendo escaparates»

Comprábamos para casa

De tienda en tienda

La vuelta a casa se hacía larga, por eso con el tiempo razoné, que habría cobrado. Nos volvíamos viendo escaparates de todo tipo.

A veces, entrábamos en el mercado Central de Valencia a comprar pescado, carne, fruta o algún tipo de salazones.

Sobretodo, siempre solíamos entrar en tiendas de tejidos de la Avda del Oeste o de coloniales, en estos preguntaba por graneles, conservas o pastelitos entre otras cosas.

Dependiendo de los horarios en los transportes públicos nos volvíamos a casa en autobús, lo cogíamos en Angel Guimerá, allí paraban los buses para los pueblos.

Si teníamos suerte con el horario y podíamos coger el del «Aeropuerto» llegábamos más o menos a buena hora, sino era así, cogíamos el de «Menecil.» Como ya he dicho tardaba mucho… mi mareo estaba garantizado !

«Por fin, después de una agotadora mañana de sábado, llegábamos a casa»

Con buen sabor

Mi padre acababa de venir de trabajar, nos esperaba, en cuanto entrábamos a casa, mis padres deshacían las compras y mientras mi padre lo ordenaba, mi madre preparaba la comida, de normal hacia algo rápido…

Era feliz jugando

«Mientras hacían la comida jugaba con una amiga muy especial»

Era feliz

Este escrito va dedicado a todas las Madres del Mundo, «con su amor incondicional nos sentimos protegidos, gracias mamá.»

«Feliz día de la Madre»

Amor sin condiciones

Os dejo aquí la entrada anterior » Aventuras en el Internado»

En pleno mes de agosto

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